El incremento de los incendios registrado en Navarra durante 2026, y especialmente durante los meses de verano, preocupa al Colegio Oficial de Biólogos en Navarra y La Rioja.

Ante esta situación, desde el COB hemos elaborado una nota de prensa para aportar al debate la visión de profesionales de la Biología, la conservación, la biodiversidad y la gestión ambiental, poniendo el foco no solo en la extinción, sino en todo aquello que podemos hacer antes de que se produzca un incendio.

El cambio climático está generando condiciones que pueden favorecer incendios más intensos y difíciles de controlar, pero no explica por sí solo su origen. Por ello, consideramos necesario hablar también de prevención, comportamiento humano, planificación territorial, cumplimiento de las medidas preventivas y modelos de gestión forestal.

Una reflexión especialmente necesaria ante un escenario en el que los episodios de incendios se repiten y en el que las decisiones que adoptemos hoy condicionarán la resiliencia de nuestros ecosistemas durante las próximas décadas.

NOTA DE PRENSA | Incendios forestales: la prevención empieza mucho antes de que aparezca el fuego

Con la credibilidad que nos da haber sido el único colegio profesional que participó el pasado año en Ponferrada en el Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática, creemos necesario aclarar algunas cuestiones sobre los incendios. Ya el año pasado expusimos varias claves compartidas por los Colegios de Biólogos de España. Seguiremos haciéndolo, porque en este asunto se repiten demasiadas confusiones, algunas de ellas interesadas.

Para empezar, los incendios no son una consecuencia directa del cambio climático, como se afirma con frecuencia. El fuerte aumento de las temperaturas crea un marco que facilita su propagación y agrava sus efectos. Pero, salvo episodios concretos, como algunas tormentas, el cambio climático no es la causa directa de que se inicie un incendio.

Las causas directas hay que buscarlas, sobre todo, en la actividad humana y en una planificación deficiente. Y ahí sí podemos actuar.

Según los datos disponibles de la Estadística General de Incendios Forestales (EGIF), el 95 % de los incendios tiene su origen directo en la conducta humana, ya sea por negligencia, falta de precaución o intencionalidad. Por eso no tiene sentido plantear intervenciones masivas en los montes o culpar de forma automática a la despoblación o a la falta de ganadería. El problema principal sigue siendo el comportamiento humano inadecuado.

También conviene aclarar que las mal llamadas «limpiezas» —desbroces e intervenciones preventivas— no solo están permitidas, sino que pueden resultar obligatorias para los propietarios cuando así lo establezcan los instrumentos de planificación, las prescripciones técnicas o los requerimientos de la Administración.

La pregunta es evidente: ¿por qué estas medidas se aplican de forma insuficiente? ¿Por qué la prevención sigue faltando en tantos casos?

Una parte del problema aparece cuando la gestión queda condicionada por la rentabilidad de determinadas masas forestales. Desde el COB defendemos que la prevención de incendios y la protección de las personas, los bienes y el medio natural deben situarse por encima del beneficio económico. Eso implica cumplir y hacer cumplir las medidas preventivas establecidas por la normativa.

También creemos necesario revisar determinados modelos forestales. El Colegio lleva tiempo solicitando, por ejemplo, que se retiren del catálogo de especies subvencionables aquellas especies exóticas que ya han mostrado comportamiento invasor en países de nuestro entorno. Se han conseguido avances importantes en este sentido, aunque todavía queda camino por recorrer.

Esta reflexión debe extenderse igualmente a la restauración de las zonas afectadas por el fuego. Recuperar un espacio forestal no debería significar automáticamente volver a reproducir el modelo anterior. La elección de las especies y del modelo de restauración debe partir de las características ecológicas de cada territorio, su vegetación potencial, su biodiversidad y su capacidad de adaptación frente a futuros incendios y al cambio climático.

La prevención empieza por una buena planificación.

Necesitamos evolucionar hacia modelos de gestión forestal adaptados al contexto ambiental actual, incorporar el conocimiento científico a la toma de decisiones y dejar de repetir mensajes simplificados que no ayudan a comprender un problema extraordinariamente complejo.

Desde el Colegio Oficial de Biólogos en Navarra y La Rioja seguiremos aportando conocimiento y criterio profesional para contribuir a una gestión del territorio que proteja simultáneamente a las personas, la biodiversidad y nuestros ecosistemas.

Porque prevenir un incendio empieza mucho antes de que aparezca el fuego.